La hora de María Corina
Hay momentos en la historia de un país en que el cielo se abre y no pide permiso.
No consulta encuestas, no pregunta quién manda hoy.
Simplemente decreta el cambio.
Desde hace años Venezuela vive bajo un hechizo espeso: una neblina que confunde, que engaña, que promete para nunca cumplir.
Ese humo —ese Neptuno simbólico— se está disipando.
El truco se rompe.
La mentira deja de hacer efecto.
Y cuando se cae el velo, siempre aparece una figura clara, con voz firme, con propósito.
Ese lugar lo ocupa María Corina Machado.
Entre finales del 2025 y enero del 2026, el Sol —símbolo de quien encarna el destino— se alinea con ella y con Venezuela a la vez.
Es como si el país y la líder compartieran un mismo latido.
No es un deseo, no es un slogan, no es una “posibilidad”.
Es el momento de encender la luz y tomar el timón.
Ese Sol entra en la casa mayor del país, la del mando.
Allí donde se decide quién toma la palabra, quién firma, quién conduce.
Y justo entonces el fantasma del pasado —ese que sostenía al régimen— pierde fuerza y desaparece.
Cuando el humo se acaba, solo queda lo real.
Y lo real es que una mujer entra a gobernar.
No como símbolo.
No como promesa.
Sino como la que lleva las llaves de la casa.
El paso es simple de entender, aunque gigantesco en consecuencias:
el hechizo se rompe,
el monstruo pierde sus poderes,
la puerta se abre,
y ella entra a ejercer autoridad.
Ese instante cae en enero de 2026.
El cielo dice:
—«Esta es la hora de la capitana.»
Venezuela responde: