La firma y juramentación de esta mujer como presidenta de Venezuela se realiza bajo un cielo claramente tenso y desfavorable. No es una apreciación ideológica, es una lectura directa de los aspectos planetarios activos en ese momento, que describen un poder frágil, sostenido por presión y no por estabilidad real.
El primer elemento clave es la concentración de planetas en Capricornio, un signo asociado al control, la rigidez y las estructuras de poder. Cuando tantos planetas se agrupan ahí, el mensaje es claro: se gobierna desde la dureza, el miedo a perder el control y la necesidad de sostener el sistema a cualquier precio. No hay frescura ni renovación, solo resistencia.
A esto se suma que varios de esos planetas caen en la Casa VIII, una zona del mapa relacionada con crisis profundas, deudas, pérdidas, pactos ocultos y situaciones límite. Astrológicamente, firmar un acto de poder bajo esta influencia indica que las decisiones no son libres ni limpias, sino condicionadas por presiones internas y externas. Nada de lo que nace aquí es ligero ni fácil de sostener.
Otro punto fundamental es la fuerte influencia de Plutón, planeta que no construye suavemente, sino que transforma destruyendo. Plutón activo en un acto político señala procesos irreversibles: lo que se intenta imponer termina generando consecuencias que escapan al control de quien firma. Es poder que parece firme, pero que por dentro se está pudriendo.
Saturno, planeta de la autoridad y las reglas, aparece tenso y mal aspectado, lo que indica represión, bloqueo y desgaste. En lugar de ordenar y sostener, Saturno aquí aprieta, limita y asfixia. Esto suele traducirse en gobiernos rígidos, desconectados del pueblo y sostenidos más por la fuerza que por el consenso.
Por otro lado, Neptuno también está activo de forma poco clara. Esto habla de confusión, propaganda, discursos que no reflejan la realidad y una narrativa oficial que intenta tapar lo que realmente está ocurriendo. Astrológicamente, Neptuno mal canalizado siempre acaba revelando la mentira, aunque al principio logre distraer.
Finalmente, la activación de Urano señala rupturas inesperadas. Urano no avisa: rompe. Cuando participa en un momento como este, indica fracturas internas, traiciones, giros bruscos y situaciones que se salen del control de quienes creen mandar. No es estabilidad, es tensión acumulada a punto de estallar.
En conjunto, estos aspectos no describen un poder que se consolida ni un mandato sólido. Describen un cierre forzado de ciclo, un intento desesperado de sostener algo que ya está estructuralmente dañado. Astrológicamente, esta firma no inaugura una nueva etapa: acelera un proceso de desgaste cuyo desenlace no favorece a quien hoy levanta la mano para jurar.
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